(…) Hacernos los enfadados para acabar a carcajadas. Incapaces de estar bien una semana seguida, pero que no soportaríamos perdernos. Y si uno de los dos necesita algo, ahí estamos, aunque sea de madrugada.

Raros, muy raros, pero que nos queremos a nuestra manera. Esa que quizá nadie entiende. Pero cuando terminamos de mirarnos, tampoco hace falta. Ahí todo se para, y lo comprendemos a la perfección.

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