Dime donde estabas cuando la ansiedad me ahogaba,
cuando cada pensamiento provocaba arcadas
y temblaba cada poro de mi piel,
sin nadie que me abrazara y me dijera:
“tranquilo, todo irá bien”.
Tú no estuviste allí,
no viste mi mitad triste, ni mis despistes,
no fuiste muro contra los embistes
del desprecio, del cansancio, del prejuicio.

Dicen que a través de las palabras
el dolor se hace más tangible,
que podemos mirarlo como a una criatura oscura,
tanto más ajena a nosotros
Cuando más cerca la sentimos.

 

 

 

(Ni hi eres, ni hi seràs. Ni vull que hi siguis.)

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