La historia del rock’n roll ha tenido siempre una estrecha relación con la sexualidad. Desde los inicios, con Check Berry y Little Richard, con letras y ritmos que pretendían sugerir y terminaban por escandalizar.  El rock es una música con fuerza, y ésta puede captarse en muchos aspectos. Uno de ellos, y que tuvo una gran relevancia en su surgimiento, fue el sexo. El rock también revolucionó la sexualidad. Es difícil analizar y comprobar cuáles fueron los logros y los avances en este aspecto, ya que para ello necesitaríamos adentrarnos mucho en la filosofía de los años 60, borracha de hedonismo, gemidos, placeres, roces, sudor, amor y, sobretodo, sexo. Los conciertos y festivales eran para disfrutarlos con los cinco sentidos, plenamente, incluyendo también el tacto, el contacto.

“Whola lotta love” es una de las grandes canciones, no sólo de Led Zeppelin, sino de la historia del rock. El riff principal suena fuerte y poderoso, produciendo un primer acercamiento muy atrevido. Cuando empieza a sonar la voz de Robert Plant, suena desenvuelta y desgarrada, tentadora. Con cada grito de “I’m gonna give you my love” contesta un glissando de guitarra de Jimmy Page; se establece un contacto, una comunicación, equivalente a dos cuerpos que se sienten cada vez más próximos. El compás y el ritmo acompañan implacablemente este acto, sugiriendo en ocasiones, incluso, el choque de dos caderas. Toda esta picardía y sensualidad resulta cada vez más evidente, cuando entre sonidos de confusión oímos gemir y gritar a Robert Plant, en un contexto ruidoso e ilógico que recuerda al descontrol de nuestros sentidos en pleno acto sexual. Y así, hasta que esta mezcla para en seco, para que ocupe la canción un enérgico solo de guitarra que no tengo palabras para describir.

 

 

(Enllaç al text original)

 

Anuncios